Escribe de lo que sabes. Bueno, mejor no.

Regreso al blog tras el largo parón estival con la sensación de haber vivido uno de los mejores veranos de mi vida recorriendo Estados Unidos en coche. Algo que va a hacer mucho bien a mi tercera novela porque el verano y la carretera serán protagonistas fundamentales. Y es curioso que yo diga esto porque, desde siempre, he sido bastante reacio a aceptar una de las máximas más repetidas en cursos para escritores: “Escribe sobre lo que conoces”/ “Escribe de lo que sabes”.

En manuales de escritura y cursos para escritores incipientes nunca falta dicho consejo, que acaba siendo el responsable de que muchos intentos de primeras novelas acaben convertidos en aburridos diarios o en elaborados ejercicios de documentación carentes de cosas mucho más importantes como son la trama, los puntos de giro o las emociones de los personajes. Aunque todos somos individuos únicos y bellos en nuestra propia singularidad, nuestras vidas tienden a ser más anodinas de lo que pensamos y, desde luego, mucho más aburridas cuando se ven desde fuera.

Leí tantas veces ese consejo en libros de escritura y blogs de otros autores que, al principio, dudé mucho si realmente debía intentar escribir las historias que quería escribir. ¿Cómo iba a lanzarme a escribir toda una novela sobre una familia encerrada en un sótano si nunca he experimentado nada similar? Bueno, en una ocasión fingí haber ido al colegio y realmente me escondí de mis padres en el tejado, donde me quedé nueve horas hasta que pude bajar y entrar en casa como si tal cosa —curiosamente, en clase de Lengua estábamos leyendo El diario de Ana Frank, y fue esa historia sobre un encierro la que me acompañó durante la odisea—, pero siendo eso es lo más cerca que he estado de vivir algo parecido a lo que vive el protagonista de El brillo de las luciérnagas, ¿cómo iba a poder describir correctamente su encierro durante diez años? Atendiendo a la máxima “Escribe sobre lo que conoces”, muy difícilmente.

Y, sin embargo, a cualquiera se le ocurriría una alternativa sencilla: usando la imaginación. No parece muy acertado aconsejar ceñirse a lo conocido en una labor como la de escritor, que tiene en la imaginación su arma más poderosa. El as más fácil de jugar sería decir que si L. Frank Baum hubiera escrito únicamente sobre lo que conocía nunca hubiéramos visitado Oz, pero sería una carta mal jugada: fábulas ultraimaginativas como esa o Alicia en el país de las maravillas reflejan la realidad de nuestras vidas con mayor precisión que muchas películas costumbristas. Tanto Baum y Carroll realizaron un perfecto estudio de muchos de los sentimientos humanos aunque sus protagonistas fueran un sombrerero loco y un hombre de hojalata.

Por eso aceptaría “Escribe sobre lo que conoces” referido a las emociones o sentimientos, que imagino que es lo que pretendía transmitir originalmente el consejo (pero seguro que había una forma menos ambigua de enunciar esta pieza de sabiduría para que no acabara malinterpretada tan fácilmente). Al final en una historia las circunstancias concretas de los personajes, el país en el que viven o el número de patas del monstruo extraterrestre contra el que luchan no son más que accesorios para tratar temas que acaban siendo universales. Yo elegí un sótano y un niño encerrado con un tarro de luciérnagas, pero en realidad estaba hablando del miedo a estar condenados por nuestras propias circunstancias. Ya sea a vivir en un sótano, a pasar nueve horas diarias de nuestra vida activa en una oficina , o a que toda nuestra existencia acabe desarrollándose en un mismo país e incluso una misma ciudad.

Si impartiera un curso de escritura creativa intentaría no adoctrinar a futuros escritores con máximas de ese tipo que llaman a la contención.  A ponerse límites. Si la historia que quieres escribir transcurre en China, Topeka o bajo el mar, adelante. Escribe sobre lo que no conoces porque quizá sea en una luna de Júpiter donde haya que localizar el próximo mejor drama de la literatura, ese que hable de la soledad de una criatura azul con antenas cuya existencia nadie conoce y que, por eso mismo, conecte con los millones de adolescentes que se sienten invisibles en el instituto. Por muy disparatado que sea el entorno, al final una buena novela acaba hablando de emociones y sentimientos universales con los que acabarán identificados los lectores. 

Hace poco leí Memorias de un amigo imaginario, de Matthew Dicks, una novela que tiene al protagonistas más inverosímil que recuerdo: el amigo imaginario de un niño que podría ser autista. Es el propio ser inexistente, invisible, quien narra el libro en primera persona. Toma ya. Pues bien, las últimas páginas de ese libro, un discurso enunciado por el ser imaginario, constituye uno de los textos más bonitos que he leído sobre el amor paterno filial [SPOILER]:

Power by WinArgentina at http://www.winargentina.com/“Nunca más volveré a ver a Max. Lo echaré de menos todos y cada uno de los miles de días que le queden por vivir, cuando crezca y se haga un hombre y tenga a un pequeño Max a su vez. Creo que si pudiera quedarme sentado en algún sitio, quieto y sin hacer ruido, y ver crecer a este niño que tanto quiero a lo largo de su vida, sería feliz. Ya no necesito seguir existiendo por mi propio bien. Lo único que deseo es seguir existiendo por él. Para saber lo que pasa en su vida”.

¡Y lo escribe un ente inmaterial! Por suerte, el autor se atrevió a escribir sobre lo que no conocía para acabar reflejando de la mejor manera posible la belleza del sentimiento paterno que, intuyo, sí debe conocer.

A todo esto, ¿aún no has leído El brillo de las luciérnagas? Pues este vídeo te da unas cuantas razones para hacerlo:

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  • Olga

    Gracias Paul!! por volver a escribir en el Blog, me encanta leerte, ademas es el post que mas me ha gustado por el momento. Espero que le sea de mucha ayuda a todos los que estan empezando a escribir sus novelas.

    Me alegro que tu verano en Estados Unidos haya sido tan gratificante y enriquecedor, porque eso significa que tu Tercera novela será todo un éxito, igual que las dos anteriores, pero no nos hagas esperar tanto porfi y cuentanos alguna anecdota de eso viajes por carretera que seguro que habrás tenido miles jeje… un abrazo Paul!!

    • http://www.paulpen.com/ Paul Pen

      Gracias a ti por seguir aquí, Olga.

  • Alex Pler

    Se echaban de menos tus entradas, pero me alegro de que el viaje haya sido provechoso.
    Creo que cualquier (buen) escritor, o al menos los que a mí me gustan, los que me emocionan y remueven, se inspira en su vida de forma más o menos velada. No tanto los hechos concretos como en las emociones sentidas, la escala de valores, su forma de ver el mundo… Y lo hacen aunque ambienten su historia en una base lunar. Y está bien que así sea, porque así escriben el libro que solo ellos podrían escribir.
    Hay un tipo de escritores que personalmente me aburren una barbaridad. Suelen ser de novela histórica. En sus libros hay personajes bien construidos y una concatenación de hechos sorprendentes para enseñar al lector cuánto saben o cuánto han aprendido.
    Es decir: imaginación sí. Pero la imaginación tiene que ser personal e intransferible. Tiene que salirte de dentro. Porque aunque no hayas vivido en un sótano, sí habrá momentos de tu vida en que te hayas sentido así de atrapado, y lo que sentirías en esos momentos, habrá afectado de una manera u otra a las descripciones de “El brillo de las luciérnagas”. Por eso el libro funciona como thriller y como metáfora que emociona al lector. Por eso elegiste como protagonista al niño (y no a la hermana, un personaje a priori más interesante). Etc… Tampoco creo que “El Mago de Oz” lo eligieras al azar, podrías haber usado cualquier otro libro como referente, ¿por qué ese y no otro?
    En esas decisiones que parecen pequeñas, está la base del libro y también tu personalidad. “Escribe de lo que sabes”… aunque lo ambientes en un mundo que desconoces.
    ¡Un saludo!

    • http://www.paulpen.com/ Paul Pen

      Lo has explicado estupendamente. En realidad el único problema que tiene el consejo ‘Escribe de lo que sabes’ es lo ambiguo que resulta y lo fácil que es malinterpretarlo. Con tu añadido “…aunque lo ambientes en un mundo que desconoces” quedaría mucho mejor. Está claro que los escritores nos retratamos a nosotros mismos en cada libro. En ‘El brillo de las luciérnagas’ el interés por los insectos del niño protagonista es directamente autobiográfico.

  • Águeda

    Hola, Paul. No sé si me recordarás de aquel comentario sobre el futuro de los escritores, sino lo encontrarás rápido, mi nombre no es lo que se dice común.
    Totalmente de acuerdo con “Escribe sobre lo que no sabes”, la imaginación es el arma más poderosa no solo para un escritor, sino para todo el mundo en general. Pienso que todos esos libros en los que la imaginación del autor es desbordante son más entretenidos y más adictivos. Aunque sé que todos los libros tienen notas biográficas del autor porque creo que facilita el tomar la historia como nuestra creación, ayuda a interiorizarla.
    También he leído “Memorias de un amigo imaginario” y me encantó, es el único libro que logró emocionarme (cuando digo emocionarme digo llorar a lágrima viva).
    Ah, Paul! ¿No has pensado seriamente en impartir clases sobre escritura creativa? Si lo haces, por favor, avisa ;)
    Saludos

    • http://www.paulpen.com/ Paul Pen

      Hola de nuevo, Águeda. De pequeño tuve una profesora llamada Águeda así que el nombre, aunque no es nada común, me resulta de lo más familiar. ‘Memorias de un amigo imaginario’ es un gran libro, normal que te gustara tanto. Y lo de impartir clases de escritura creativa, quién sabe, quizá algún día. Y no te preocupes que avisaré.

  • ana

    Escribe sobre lo que quieras y como quieras,seguro que va a gustarme por el simple hecho del estilo con el escribes,es un placer leerte.Gracias