My new book is on its way

My third novel is on its way. I suddenly realised it last night when I saw it added to the Amazon site, with its very own page. I’ve worked on this novel since 2015, lived with its characters for nearly two years now, but it was yesterday when, in a sense, it first proved its existence to the world. It’s nothing more than a landing page—there’s not even a cover or a blurb on it yet—but it does reveal the title. Yesterday, only editor, translator and I knew about it. Today it’s official and public: DESERT FLOWERS is my upcoming new novel. Hard as rock and sand, tender as a cactus bloom. Mysterious as an animal skull reflecting the desert moonlight. I can’t wait for my readers to meet the family that lives in that desert. In a house full of love and secrets. As you approach, you may hear laughter and screams. Anyone who enjoyed or suffered with what happened in the basement of The Light of the Fireflies—and every time I read the thousands of reviews on Amazon and Goodreads I rejoice at how many of you did—should be prepared to be shocked and moved again. But in a completely different way. No fireflies, darkness or confined spaces this time. Instead, the vast landscape of an immense desert strangely filled with all kinds of flowers. I’ll be sharing more information on the novel as the AmazonCrossing release date approaches, but I felt the need today to introduce the book in a respectable and formal way. Readers, this is Desert Flowers. Desert Flowers, these are your future readers.

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Mi próxima novela está llegando

Cada vez falta menos para que se publique mi tercera novela. Si estamos en febrero, que lo estamos, quedan apenas unos meses para que Plaza y Janés la lleve a las librerías. Llevo trabajando en esta historia desde 2015, he convivido con sus personajes durante casi dos años, pero lo que contienen sus páginas es aún un misterio para el resto del mundo. Lo que sí puedo adelantar por fin es su título: LA CASA ENTRE LOS CACTUS. Tengo unas ganas increíbles de presentar a la familia que vive en esa casa. Un hogar lleno de amor y secretos. En sus alrededores pueden escucharse risas, pero también gritos. Quienes disfrutasteis sufriendo con lo que ocurría en el sótano de El brillo de las luciérnagas —y cada vez que leo las miles de reseñas en Amazon o Goodreads me alegro infinito de que fuerais tantos— os garantizo que volveréis a sobrecogeros y emocionaros con La casa entre los cactus. Pero de un modo diferente. Esta vez no hay luciérnagas, oscuridad ni espacios claustrofóbicos, sino un inmenso paisaje desértico en el que transcurre una historia tan dura como la roca y la arena. Tan tierna como la flor de un cactus. Tan estremecedora como la calavera de un animal reflejando la luz plateada de la luna. Compartiré más información sobre el libro en las próximas semanas y a medida que se acerque el día de publicación, pero ya iba siendo hora de hacer una presentación formal. Lectores, esta es La casa entre los cactus. La casa entre los cactus, estos son tus futuros lectores.

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‘The Light of the Fireflies’ is out now. Read the first chapter

THE LIGHT OF THE FIREFLIES is available NOW at Amazon sites. The book has been included in the Kindle First selection for March, making it available for Amazon members at the price of 1.99$ or Free for Prime members, one month before its official release (April 1st). Get it now at: http://amzn.com/B016A31ZWC Click on the cover to read the first chapter:   ✹ OUT APRIL 1st or NOW AVAILABLE for 1.99$ for KINDLE FIRST MEMBERS and FREE for AMAZON PRIME MEMBERS ✹ ✹ GET IT HERE: http://amzn.com/B016A31ZWC✹ THE LIGHT OF THE FIREFLIES – PAUL PEN A haunting and hopeful tale of discovering light in even the darkest of places. For his whole life, the boy has lived underground, in a basement with his parents, grandmother, sister, and brother. Before he was born, his family was disfigured by a fire. His sister wears a white mask to cover her burns. He spends his hours with his cactus, reading his book on insects, or touching the one ray of sunlight that filters in through a crack in the ceiling. Ever since his sister had a baby, everyone’s been acting very strangely. The boy begins to wonder why they never say who the father is, about what happened before his own birth, about why they’re shut away. A few days ago, some fireflies arrived in the basement. His grandma said, There’s no creature more amazing than one that can make its own light. That light makes the boy want to escape, to know the outside world. Problem is, all the doors are locked. And he doesn’t know how to get out.…  

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‘Trece Historias’, mi nueva colección de relatos

‘TRECE HISTORIAS’ supone mi primera colección de relatos, trece cuentos en los que he podido escribir sobre muchos de mis temas favoritos: los viajes en el tiempo, la venganza, la obsesión, los experimentos anatómicos, la soledad, los freak shows… Finales inesperados, emociones intensas y personajes únicos, conforman esta colección. Pero ‘TRECE HISTORIAS’ no es sólo una colección de relatos, sino una serie literaria digital. Los relatos irán apareciendo semanalmente, cada jueves, a lo largo de trece semanas, hasta conformar una primera temporada que se alargará durante tres meses llenos de misterio, terror, drama y suspense. De esta forma, cada relato se entiende como un nuevo episodio, independiente, muy en la línea de míticos programas televisivos como ‘Alfred Hitchcock presenta’, ‘Historias de la cripta’ o ‘The Twilight Zone’ (‘En los límites de la realidad’). Con el fin de convertir la colección en algo más que una experiencia literaria, la publicación de cada relato irá acompañada por la aparición de un vídeo de presentación en el que yo mismo presentaré el relato, avanzando parte de su contenido, tal y como hacían Alfred Hitchcock, Rod Serling o el Guardián de la Cripta al inicio de sus respectivos programas. Estos vídeos se publicarán semanalmente en mi canal de YouTube e incluirán, además de la presentación del relato, la lectura de un fragmento. Todos los relatos estarán disponibles en Amazon para su lectura en formato digital en dispositivos Kindle, o a través de la aplicación Kindle en cualquier otro dispositivo: iPhone, iPad, dispositivos Android o Windows. Cualquier lector, cualquiera, puede acceder sin problema a los relatos.

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Encuentro con alumnos de una escuela de adultos

El pasado 18 de noviembre tuve un increíble encuentro con un centenar de alumnos de la Escuela Municipal de Adultos de Alcalá de Henares. Como escritor resulta muy conmovedor que, en un teatro lleno, un hombre de 47 años te diga que el tuyo es el primer libro que ha leído en su vida, o que una mujer se emocione hasta las lágrimas contándote lo feliz que le hace leer y estudiar a su edad, aprovechado ahora oportunidades que no tuvo en su infancia. Gratificante es también oír a una lectora contar cómo al terminar ‘El brillo de las luciérnagas’ sintió la necesidad de asomarse a la ventana y mirar las estrellas. Muchas gracias a todos los que estuvisteis conmigo y, especialmente, a los que hicisteis posible el encuentro en el Corral de Comedias de la ciudad.

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Canción de amor al libro de bolsillo

En la primera biografía que escribí para enviar a RBA, la editorial que publicó El aviso, se me ocurrió incluir una frase que acabó llamando la atención más de lo que yo mismo pensaba: que no me consideraría escritor hasta que no viera la edición de bolsillo de uno de mis libros vendiéndose en un aeropuerto. Y puedo asegurar que no era ningún reclamo, ni broma, ni gracieta. Era la pura realidad. Quizá sea más lógico aspirar a que tu libro sea publicado en el formato más grande posible, con las tapas más duras que existan y superando el kilo y medio de peso, pero a mí lo que me hacía ilusión de verdad era imaginarme en el estante giratorio del puesto de prensa de un aeropuerto. Quería ver mi historia publicada en las que han sido siempre mis ediciones favoritas: las de bolsillo. Tapas blandas, páginas pequeñas, letras diminutas, portadas impactantes. Y ese olor a papel y tinta que sólo se consigue con la inferior calidad de los materiales. Pero también un olor que tengo asociado a las novelas que más he disfrutado y que siempre me recuerda al verano. Lo normal es tirar de ediciones de bolsillo cuando se viaja. Ya sea a Dénia o a Nueva York. Puede ser a Torremolinos, comprando un libro después de desayunar, de camino a la playa, con la toalla sobre los hombros y parando en el quiosco que ha sacado a la acera el estante giratorio de los libros, que ya ni gira ni nada. Así me hice yo, entre otros muchos, con Corazón tan blanco de Javier Marías y Darkly Dreaming Dexter (la novela en que se basó la serie). Heart-Shaped box de Joe Hill también me lo encontré, en su idioma original, en alguna esquina de Mallorca o Gandía. Y aquí siguen conmigo: Lo mismo ocurre con los viajes que incluyen mucho tiempo de avión, porque no hay nada mejor para sobrellevar diez horas cruzando el Atlántico, o tres horas sobrevolando Europa, que enfrascarse en las páginas de una historia que te haga olvidar lo incómodo que estás en el asiento, las ganas que tienes de que sirvan la comida, o lo lentísimo que avanza sobre el mapa el avioncito ese que va marcando en las pantallas el transcurso del trayecto. Y está claro que el libro que uno ha de llevarse a un avión tiene que ser en edición de bolsillo. A poder ser, comprado en el puesto de prensa más cercano a la puerta de embarque cinco minutos antes de la salida del vuelo. Maltratado ya de entrada por el montón de manos de viajeros que le han echado un ojo en la tienda para, al final, no llevárselo, y maltratado aún más tras meterlo a presión en el equipaje de mano. Lo mejor de todo es que acabamos leyendo esos libros de bolsillo en dos de los escenarios más idílicos que se me ocurren para disfrutar de una buena historia: en la playa, a la sombra,…

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Mi primer relato

Hoy, RHM Flash, el sello de Random House que publica relatos en formato digital, publica un par de historias de terror que estaba deseando que vieran la luz. Se titulan OTEL (sin hache) y La sangre del muerto. Este último tiene la particularidad de ser el primer relato serio que escribí en mi vida. Antes había escrito algunas historietas de brujas y niños que se transforman en animales, tan inspiradas en Roald Dahl que rozaban el plagio descarado, y ejercicios de redacción en clase de Lengua que enfrentaban a Góngora y Quevedo en batallas telequinéticas deudoras de Carrie. Pero superada aquella fase imitadora, La sangre del muerto supuso mi primer intento de escribir algo adulto, o lo que yo entendía por adulto en aquel entonces:  a mis trece o catorce años, adultos me parecían los chicos de dieciséis que protagonizan la historia. Aún recuerdo perfectamente la noche de verano en que abrí un cuaderno sin usar del colegio y me dispuse, bolígrafo en mano, a perseguir mi carrera de escritor. Afortunadamente, esta reliquia se ha ido conservando hasta hoy, de trastero en trastero, guardada en la caja de los álbumes de cromos. Así de bien luce: ¿De dónde obtuve la inspiración para la primera gran hazaña que supone escribir un relato entero? De la tele, cómo no. Siempre he sido muy seguidor de las series de televisión que consistían en pequeños relatos de misterio con grandes giros finales, como Alfred Hitchcock presenta…, Cuentos asombrosos, o Historias de la Cripta. La que más veía por aquel entonces era esta última, que emitía Telecinco por las noches. Su cabecera sigue siendo una de mis favoritas: el sonido inicial de la verja al abrirse, los susurros que se oyen al bajar la escalera y la risa histérica del guardián de la cripta al final, me transportan aún hoy, de forma mágica, a aquellos veranos de mediados de los noventa. Y eso vale casi tanto como tener una máquina del tiempo.

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¿Debemos registrar todo lo que escribimos?

Antes de que mi primera novela llegara a las manos adecuadas, dediqué casi un año a enviarla a todas las editoriales posibles. También la envié al Premio Minotauro de aquel año, sin suerte alguna. Y recuerdo que cuando le contaba a alguien que estaba mandando alegremente el manuscrito a todas partes, la primera pregunta que me hacían era: “la habrás registrado, ¿no?” Todos conocemos anécdotas como la del creador de futbolín y parece estar bastante instalada en el imaginario colectivo la figura siniestra de una persona malvada apropiándose del trabajo de otra que no puede demostrar su autoría porque nunca registró el original. Yo pasé por el trance de imaginarme plagiado antes incluso de terminar el manuscrito de El aviso, del cual llevaba una copia de seguridad en un reproductor de mp3 con el que iba al gimnasio. Una tarde, entre pesas y carreras en la cinta, lo olvidé en algún rincón. Y no lo volví a ver más. Como todo autor que está escribiendo su ópera prima, sentía que era, básicamente, la mejor novela de la historia y que iba a cambiar con ella el transcurso de la narrativa moderna. Para mí, lo que contenía aquel mp3 era poco más o menos que un futuro de gloria, riquezas y reconocimiento. De repente, imaginaba mi valiosa historia en manos de algún levantador de pesas que se haría rico con mis ideas mientras mi vida se desintegraría como un barquito de papel en las corrientes de un alcantarillado. Hasta el día en que moriría de hambre en una acera viendo en los televisores de algún escaparate cómo ese ex compañero de gimnasio recibía el premio Nobel de Literatura por mi novela. Pues bien, es bastante probable que la realidad fuera otra, y que lo primero que hiciera esa persona que se quedó con mi reproductor fuera borrar el montón de archivos de Word que le estorbaban para poder meter más canciones de DJ Tiësto. En efecto, todo ese miedo al plagio que parecemos tener los autores novatos está bastante infundado. Sirva mi pequeña fábula del mp3 para entender que, en realidad, la mayoría de profesionales que reciban un manuscrito actuarán de dos maneras:

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Escribe de lo que sabes. Bueno, mejor no.

Regreso al blog tras el largo parón estival con la sensación de haber vivido uno de los mejores veranos de mi vida recorriendo Estados Unidos en coche. Algo que va a hacer mucho bien a mi tercera novela porque el verano y la carretera serán protagonistas fundamentales. Y es curioso que yo diga esto porque, desde siempre, he sido bastante reacio a aceptar una de las máximas más repetidas en cursos para escritores: “Escribe sobre lo que conoces”/ “Escribe de lo que sabes”. En manuales de escritura y cursos para escritores incipientes nunca falta dicho consejo, que acaba siendo el responsable de que muchos intentos de primeras novelas acaben convertidos en aburridos diarios o en elaborados ejercicios de documentación carentes de cosas mucho más importantes como son la trama, los puntos de giro o las emociones de los personajes. Aunque todos somos individuos únicos y bellos en nuestra propia singularidad, nuestras vidas tienden a ser más anodinas de lo que pensamos y, desde luego, mucho más aburridas cuando se ven desde fuera. Leí tantas veces ese consejo en libros de escritura y blogs de otros autores que, al principio, dudé mucho si realmente debía intentar escribir las historias que quería escribir. ¿Cómo iba a lanzarme a escribir toda una novela sobre una familia encerrada en un sótano si nunca he experimentado nada similar? Bueno, en una ocasión fingí haber ido al colegio y realmente me escondí de mis padres en el tejado, donde me quedé nueve horas hasta que pude bajar y entrar en casa como si tal cosa —curiosamente, en clase de Lengua estábamos leyendo El diario de Ana Frank, y fue esa historia sobre un encierro la que me acompañó durante la odisea—, pero siendo eso es lo más cerca que he estado de vivir algo parecido a lo que vive el protagonista de El brillo de las luciérnagas, ¿cómo iba a poder describir correctamente su encierro durante diez años? Atendiendo a la máxima “Escribe sobre lo que conoces”, muy difícilmente.

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El lector electrónico también sirve para escribir

Me sigue sorprendiendo de manera genuina que, en muchas de las entrevistas que estoy haciendo para promocionar El brillo de las luciérnagas, todavía me pregunten si estoy a favor o en contra de los libros electrónicos. ¿A favor? ¿En contra? ¿Acaso es posible posicionarse al respecto en pleno 2013? Hoy en día, no aceptar la literatura digital como la realidad que es equivaldría a estar en contra de la electricidad misma, así que los que no seamos amish ni menonitas debemos abrazar este portento tecnológico que nos ha solucionado la vida a la hora de viajar en avión con varios libros encima, que nos permite acceder a títulos en su idioma original en un segundo, y que nos ayuda a descubrir a escritores independientes que quizá nunca hubieran llegado a nosotros de otra manera. Si no fuera por mi Kindle no conocería a Marc R. Soto y, creedme, el universo no podía permitir que eso ocurriera. Otra cosa es preferir el libro físico como opción personal, y entiendo perfectamente a quienes sigan prefiriendo disfrutar del olor del papel y de lo acogedor que resulta agazaparse en un sofá bajo el peso de una buena novela. Al fin y al cabo, soy de los niños que crecimos viendo La historia interminable y, al igual que Bastian escondido en el desván de su colegio, siempre entenderé la magia que puede emanar de un libro al abrir su polvorienta cubierta. Pero resistirse a aceptar el libro electrónico como una realidad hacia la que se dirige el futuro ha dejado de ser posible. Sobre todo cuando este dispositivo es también una estupenda herramienta para escritores, no sólo en lo relativo a la publicación y distribución de su obra, sino en el propio proceso de escritura. Que es a donde quería llegar con este post, a entender el lector electrónico también como herramienta de trabajo para el escritor. Un uso que no preví a la hora de hacerme con mi Kindle, pero que ha terminado por convertirse en uno de sus cometidos principales. Actualmente, todo lo que escribo pasa en algún momento por mi lector electrónico para hacer en él una lectura fresca y diferente del material. Más o menos, éste es el proceso:

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